Milenio

La opción preferencial por los pobres

En 1968 se reunió la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en la ciudad de Medellín, Colombia. Por 13 días los obispos de la región reflexionaron sobre las profundas formas de injusticia que oprimen a las personas más pobres de América Latina. En su documento conclusivo —considerado el texto fundacional de la teología de la liberación— los obispos denunciaron una “miseria que margina a grandes colectivos” y que, “como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo”. Desde ese reconocimiento de justicia y dignidad postularon el principio de la opción preferencial por los pobres, que desde niño impactó profundamente en mi conciencia y en mis convicciones.

En los años posteriores, la teología de la liberación fue combatida al interior de la Iglesia por la derecha, al grado de que ahora prácticamente ha desaparecido, pero es en esa vertiente humanista que me formé desde muy joven, y es esa doctrina la que ha guiado mi actuar hasta el día de hoy. Por ello no es extraño que comparta, desde hace tiempo, los ideales del obradorismo, en cuya esencia se encuentra la misma convicción de servicio y el mismo anhelo de justicia social expresado en la máxima: por el bien de todos, primero los pobres.

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